Contaminación ¿Responsabilidad municipal?

¿Benefician o perjudican? ¿Hasta qué punto los elevados índices de contaminación se deben a las aglomeraciones y atascos de tráfico producidos por las fuertes restricciones a la circulación establecidas por el Ayuntamiento de Madrid durante estas fiestas de Navidad?  

 Por primera vez en su historia Madrid se ve obligada a tener que aplicar los protocolos anticontaminación y prohibir la movilidad del 50 por ciento de su parque móvil (los coches con matricula par) durante un día (mañana 29 de diciembre). Una situación cuando menos curiosa si tenemos en cuenta que “gracias a las restricciones de tráfico los madrileños íbamos a respirar mejor. 

Velocidad limitada a 70 km/h en la M30 y accesos a la M40 (6 a 24horas). Prohibición de estacionamiento en zona y horario SER a los no residentes ( 9 a 21 horas) y a partir de las 6:30 horas del día 29 de diciembre prohibición de circular en el área interior de la M30 a todos los vehículos cuya matrícula acabe en número par (excepto transporte público, transporte escolar, vehículos comerciales...).

Desde el pasado día 2 de diciembre, las calles del centro de Madrid han permanecido vetadas al normal tránsito de vehículos un total de 19 días, de los cuales hasta un total de 11 han sido días festivos o de fin de semana y otros 7 son días no lectivos en colegios y universidades, situaciones que, por lógica, debería implicar una importante reducción en los movimientos circulatorios dentro de la ciudad. Movimientos que mermaron especialmente entre los días 2 y 12 debido al macropuente de la constitución que muchos aprovecharon para viajar y salir de la ciudad.

 Cierto que también durante esas fiestas muchos aprovecharon sus vacaciones para visitar Madrid y realizar sus compras de Navidad, pero la gran mayoría tuvo que dejar su coche aparcado ante la imposibilidad de circular por el centro de la ciudad.

 

Curiosamente, durante la primera mitad del macropuente las lluvias fueron importantes protagonistas en Madrid y contribuyeron notablemente a limpiar el aire que respieramos, pero ello no impidió que el Ayuntamiento limitara la velocidad en la M30 a causa de la contaminación. Y las caídas desde entonces tampoco lo han hecho.

 

Y si algo ha caracterizado al tráfico de Madrid durante estos días sin duda ha sido el elevado número de atascos que se han producido en zonas de la ciudad donde habitualmente estos no eran habituales así como también la mayor intensidad de coches parados emitiendo gases en los sitios habituales.

 Atascos más frecuentes y de mayor duración. Así es como podríamos resumir el principal logro de las medidas de restricción a la circulación impuestas por el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid. Coches que circulan más tiempo buscando un camino más despejado para su trayecto habitual. Que consumen más combustible y emiten mayor volumen de emisiones CO2 porque circulan a más baja velocidad en marchas cortas. Conviene recordar que al circular en marchas más cortas el volumen de consumos y emisiones se dispara exponencialmente respecto del indicado optimistamente por el fabricante del vehículo (algo que parece no han contemplado los responsables del tráfico en Madrid).

 El autor de este texto vive en una de las principales arterias que cruzan de lado a lado Madrid, y durante estos días ha contemplado atascos como nunca antes se produjeron y a horas en las que hasta la entrada en vigor de las restricciones la circulación era fluida o, como poco, mucho menos intensa.

 Con todo esto, no queremos decir que no haya que tomar medidas y luchar contra el exceso de uso del coche en el centro de grandes ciudades como Madrid. Al contrario. Peatonalizar la zona centro es prácticamente obligado si queremos cumplir con la reducción de emisiones a la que nos hemos comprometido en los acuerdos internacionales al respecto que hemos firmado, y eso supondrá una mayor calidad de vida para todos. Pero las medidas han de ser lógicas y coherentes.

 ¿De qué sirve paralizar una ciudad? ¿Por qué de las 30 propuestas que contempla el plan de calidad del aire “Más aire, aire +” nada menos que 22 están dedicadas al automóvil y sólo 8 a otras causas que provocan igualmente los elevados índices de la elevada contaminación?

 ¿Por qué nos ponemos la venda antes de articular posibles soluciones? Si queremos evitar que entren coches en la ciudad habrá que habilitar aparcamientos disuasorios en las afueras y mejorar las redes de transporte urbano creando nuevas líneas, incrementando el número de unidades de transporte existentes, añadiendo nuevos modos, etc. Para evitar que medio millón de coches entre a diario a Madrid, el Ayuntamiento tan sólo prevé en el citado plan crear 7.882 plazas de aparcamiento. Curiosamente ninguna de ellas dentro de un desarrollo urbano que, como la llamada “Operación Chamartín” lleva decenios planificándose y afecta a prácticamente tres grandes entradas (carretera de Colmenar, Nacional I y Nacional II) además de a las tres grandes vías de circunvalación (M30 – M40 y M50 —esta última la contemplo porque al no estar conectada entre la N-I y la N-VI obliga a “entrar” a Madrid a buena parte de los vehículos que circulan por su arco norte).

Y qué decir del tan comentado “impulso” a los vehículos límpios. La práctica total ausencia de puntos de recarga para vehículos eléctricos en las calles de Madrid impide su normal desarrollo. El éxito de servicios como car2Go o el nuevo emov, que ya tienen 500 unidades eléctricas cada uno circulando por la ciudad hace ver que los ciudadanos apuestan por este tipo de vehículos y modalidades de transporte. Lamentablemente, quienes no disponen de plaza propia de aparcamiento no pueden ni tan siquiera plantearse la compra de un eléctrico porque les resulta prácticamente imposible recargar su coche a diario o cada 2-3 días, que es lo que habitualmente se tarda en realizar los más de 200 km de autonomía que estos vehículos tienen por carga.

 El ayuntamiento se ha planteado únicamente la prohibición, la restricción y la limitación sobre el actor más fácil de controlar y sancionar: el automóvil. Pero lo más grave es que lo ha hecho sin analizar los problemas y las reacciones que su acción iba a provocar. Y lo que de verdad resulta grave es que, en buena parte, la responsabilidad de la elevación de los índices de emisiones nocivas durante estas fechas se debe más a la improvisación y celeridad que desde el ayuntamiento se han dado por luchar contra el automóvil , en vez de pensar en las posibles repercusiones que todo ello podría provocar.

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