Los vendedores de coches cuestionan el plan anticontaminación de Madrid

“Inconsistente”, y con “medidas desproporcionadas y arbitrarias” que atentan contra la “libertad constitucional de las personas a moverse libremente”. La delegada de Medio Ambiente, Inés Sabanés, y la alcaldesa, Manuela Carmena, «utilizan la excusa de la contaminación para cambiar el modelo de ciudad”. “El informe del consistorio pierde de vista el objetivo principal, que es reducir la contaminación”, “no ataca la verdadera raíz del problema” y “confunde interesadamente vehículo privado con vehículo contaminante”. El plan, “por su inconsistencia parece más un ideario que un programa de actuación riguroso y viable, con objetivos dudosos y medidas de corto alcance”. “El plan A de la ciudad de Madrid sustenta la restricción a moverse libremente en bases de datos antiguas cuando existen registros actualizados de fuentes oficiales”. “El informe no calibra el impacto ecónomico que esta medida puede tener para sectores tan estratégicos para el futuro de la ciudad como el comercio...que junto al turismo es la principal palanca económica de la ciudad. Y, lo más grave de todo, es que “penaliza a las rentas más bajas”.

Con su presidente ingresado de urgencias apenas unas horas antes de la rueda de prensa, GANVAM, asociación que agrupa a los vendedores de automóviles de toda España, presentó sus alegaciones al Plan A+ de Calidad del Aire y Cambio Climático elaborado por el Ayuntamiento de Madrid para luchar contra la contaminación en Madrid. Un plan cuyas “desproporcionadas y arbitrarias medidas restrictivas contra el uso del automóvil son una excusa para cambiar el modelo de ciudad, algo que nos parece no es lo que quieren los ciudadanos y, menos aún, aquellos que tienen las rentas más bajas”.

Según Tomás Herrera y Jaime Barea, secretario general y director jurídico respectivamente de Ganvam, entidad que representa a más de 7.000 empresas relacionadas con el sector del automóvil, el Ayuntamiento de Madrid confunde interesadamente el vehículo privado con la contaminación y lo hace a partir de un informe fundamentado en datos antiguos y desfasados. “En bases de datos antiguas, cuando existen registros actualizados de fuentes oficiales que ayudarían a analizar con mayor precisión el potencial contaminante del parque circulante real” de la ciudad de Madrid. Según Ganvam, “Es el caso de cifras tan sensibles como las de emisiones, que datan del año 2014, o el parque rodante, que corresponden a 2013, cuando ya existe un censo a cierre de 2016. Y mucho más atrás se remontan en el caso del clima, al utilizar valores entre los años 1981 y 2010”. La antigüedad de estos y otros muchos datos empleados para realizar el informe “desvirtúa todo su contenido e invalida sus conclusiones”, afirmaron los representantes de Ganvam.

 

Para Ganvam, “El informe del Ayuntamiento carga las tintas contra el tráfico rodado, obviando que ha contribuido tres veces más que otros sectores a recortar las emisiones de partículas contaminantes con el desarrollo de tecnologías más eficientes. Resulta paradójica la actitud restrictiva de la administración local con este sector, que responde sólo del 31 por ciento de los gases de efecto invernadero, frente a la laxitud con otras fuentes, que generan el 69 por ciento restante, pasando completamente por alto medidas para reducir la contaminación de sectores como el ferrocarril, la aviación o la industria”.

 

De igual modo, Ganvam critica la incoherencia del Ayuntamiento al evaluar el impacto que los sistemas de calefacción central de los edificios tienen sobre la contaminación en la ciudad. Para Ganvam, “el informe si reconoce las calefacciones centrales como una de las fuentes más perjudiciales para la calidad del aire. Y si bien anuncia la prohibición del uso del carbón para 2020, la dotación presupuestaria para desarrollar redes más eficientes de climatización es tán ínfima —apenas 3,2 millones de los más de 543 previstos inicialmente— que siembra la duda sobre si este cambio de modelo supone una verdadera prioridad para el Ayuntamiento”. Máxime cuando tampoco se habla de la propia actividad urbana, a través del asfalto y las fachadas como causantes de la elevación de la temperatura en la ciudad debido al efecto “isla de calor” que Madrid sufre a causa de su emplazamiento geográfico. Según Ganvam, “el Ayuntamiento obvia en su informe actuaciones en esta materia que conlleven la aplicación de asfaltos absorbentes del calor y la contaminación en las calles de la ciudad o de nuevos materiales más ecológicos en las fachadas de los edificios”.

 

Los vendedores de vehículos se mostraron igualmente preocupados por la creación de un área Cero, a su juicio “de desmedidas proporciones”, en las que quedaría restringido el acceso de vehículos de combustión “afectando diariamente al 25 por ciento del tráfico privado y a más de un millón de personas”. A juicio de Ganvam, el área que el Ayuntamiento prevé delimitar “Es demasiado amplia y el enome gasto que tendría su señalización y, especialmente, su control —a día de hoy prácticamente inviable— no aparece correctamente reflejado en el presupuesto del plan”.

 

Desde Ganvan se opina que el plan “pierde de vista su objetivo principal, que es reducir la contaminación, y confunde los fines que las distintas medidas restrictivas del tráfico pueden llegar a alcanzar. Limitar la velocidad a 70 km/h en la M30 y accesos a Madrid para disuadir a los conductores de entrar en la ciudad y al mismo tiempo permitir circular a 100 km/h en la M-40 es incoherente y busca más reducir la congestión que las emisiones. A más velocidad durante más kilómetros, mayor contaminación se genera”. Y lo mismo sucede con las restricciones a la circulación en función de la matricula del coche, “una medida obsoleta y que ya se ha comprobado ampliamente que no funciona ni aporta ninguna solución”.

 

Y restringir el aparcamiento a los no residentes tampoco reducirá la contaminación. “Prohibir el aparcamiento no elimina el tráfico de paso, sino que genera problemas de acceso en situaciones tan cotidianas y necesarias como ir al trabajo, al médico, al colegio...”

 

Junto a estas medidas, para Ganvam “la intención del consistorio de prohibir circular a los coches más antiguos (gasolina anteriores al año 2000 y diésel anteriores a 2006) en 2025, aunque acertada —dado que facilita la renovación del parque— en la práctica es regresiva dado que penaliza a las rentas más bajas”. Ganvam propone como alternativa “facilitar incentivos al cambio de coche hacia modelos más eficientes, ya sean nuevos o usados, de hasta cinco años de antigüedad.

 

Como soluciones Ganvam apunta, entre otras al mayor seguimiento y control de las ITV, factor no considerado, dado que obliga a un mantenimiento más responsable de los vehículos. La asociación ha firmado recientemente un acuerdo con la DGT para sensibilizar a los conductores de la necesidad de revisar periódicamente su coche en el taller para ejecutar las labores de mantenimiento necesarias.

 

Desde Ganvam afirman que desde el Ayuntamiento están poniendo en marcha medidas con toda su buena voluntad, pero que necesitan ser revisadas y adecuadas para evitar males mayores que atenten contra la libertad de los ciudadanos o que produzcan efectos aún más perjudiciales que los que se intentan evitar. En este sentido consideran que es necesario anteponer soluciones a los problemas que las restricciones van a crear. “No es de recibo que se intente evitar que un millón de coches entre a la ciudad cada día, sin crear previamente una red de aparcamientos disuasorios que lo evite, y en el plan apenas se contempla la creación de otras 8.000 plazas adicionales a las ya existentes”.

 

Ganvam confía en que sus alegaciones sean escuchadas y tenidas en consideración y se pone a plena disposición del Ayuntamiento para colaborar en la discusión y debate sobre las medidas que convendría adoptar. Medidas que según la asociación de vendedores “deberían incentivar especialmente el rejuvenecimiento del parque, dado que actualmente la antigüedad de los vehículos se sitúa en los doce años de edad y lejos de acercarse a los 7 años en los que nos encontrábamos antes de la crisis caminamos hacia los 13-14 años de edad de aquí a 2020 si no se crean incentivos que ayuden, especialmente a las rentas más bajas, a cambiar su viejo coche por otro más nuevo, eficiente y medioambientalmente sostenible”.